A los 92 años, Perla Luz González de Falcón es una referente de la farmacia magistral. Tiene 70 años de trayectoria. En su farmacia en Paraná, Entre Ríos, elabora preparaciones especiales para pacientes externados del Garrahan y otros hospitales, que deben continuar sus tratamientos no solo en su provincia, sino en toda la región. Fue la directora de la Comisión Redactora de los Códex Farmacéuticos de Entre Ríos y participó de la actualización de la Farmacopea Argentina, Capítulo 1027.

Su historia es la de una profesional apasionada por su vocación, que estudió cuando pocas mujeres accedían a la Universidad, sostuvo su farmacia especializada en preparaciones a pesar de la industrialización, las transformaciones que vivió la profesión, los avatares del país. En las crisis más profundas, utilizó su laboratorio para proveer medicamentos accesibles a pacientes que habían perdido la posibilidad de continuar sus tratamientos. Hoy, continúa trabajando, dictando cursos y conferencias, curiosa y ávida de nuevos conocimientos en principios activos y fórmulas. “La mejor publicidad que tenemos como profesión somos nosotros mismos, nuestra atención a los pacientes, nuestra formación”.
“Éramos muy pocas las mujeres que cursábamos la carrera de Farmacia en los años ‘50. La mayoría seguían el magisterio, porque era una manera de empezar a asegurarse el futuro: eran maestras o amas de casa”.
Soy de una generación de hijos de inmigrantes, muy sacrificados, que lo daban todo para que sus hijos llegaran a ser profesionales. Mi padre llegó a Santa Fe desde España a los 17 años, solo con un catre bajo el brazo. “Por lo menos no voy a dormir en el suelo”, decía. Él pasó por diversos oficios hasta que se dedicó a la venta de cuero para zapatos. Tuvieron tres hijos, siempre con la mirada hacia la universidad. Tal es así, que mi hermano mayor se recibió de Ingeniero Químico en Santa Fe, donde residíamos. Mi otro hermano quiso estudiar Medicina y como mi papá no podía pagarle una pensión en Rosario, vendió nuestra casa en Santa Fe, y nos mudamos a unas cuadras de la Facultad de Medicina”.
“Yo elegí la carrera de Farmacia ya cuando estaba terminando la secundaria. Me recibí el 27 de marzo de 1956 en la Universidad Nacional del Litoral en Rosario. En esos años los estudiantes de Farmacia entrábamos por la Facultad de Medicina, donde había un cartel que decía “Facultad de Ciencias Médicas, Farmacia y ramos menores”.
Había pocas universidades en la Argentina, así que llegaban estudiantes de distintos puntos del país: de Corrientes, de Entre Ríos, de Misiones y también de la provincia de Buenos Aires y venían estudiantes de Bolivia. De la provincia de Entre Ríos conocí al compañero que luego fue mi marido. Se llamaba Edgardo Falcón”.
“Cuando nos recibimos nos pusimos como objetivo ejercer la profesión dentro de su verdadera esencia, que era la formulación magistral. Dos años después, su familia compró una farmacia que pertenecía a un idóneo, don Miguel Moyano”.
Cómo era ejercer la farmacia hace 70 años
“A pesar de que no era farmacéutico, el Sr. Moyano tenía bastante conocimiento sobre los medicamentos. Era un hombre muy dedicado. Conservamos su nombre en la Farmacia en su honor. Él aceptó vendernos la farmacia cuando éramos muy jóvenes, porque consideró que íbamos a continuar lo que él quería ver de una farmacia”.
“En aquella época había pocos productos industriales. La mayoría de los medicamentos se preparaban. Por ejemplo, se hacían tónicos. Incluso algunos para uso veterinario, para los caballos. Se utilizaba la Nuez de cola (con gran concentración de cafeína). También se hacía una fórmula para los problemas en las articulaciones que se les producían al correr, que es a base de yodo.
En la farmacia pasamos todas las crisis del país. La que más me impactó fue la crisis del año 1975, el “Rodrigazo”. En ese entonces no había tanta cobertura de mutuales ni obras sociales y los precios escalaron de tal manera que la gente nos dejaba los medicamentos en el mostrador porque no podía llevárselos.
Había una señora que parecía una viejita, toda retorcida del dolor, que nos venía a comprar diclofenac, y como la especialidad medicinal era de un precio muy elevado, la paciente se llevaba de a un comprimido.
Llegó un momento en que nosotros dijimos, “Bueno, no puede ser. Vamos a empezar a elaborar porque esto ya no da para más”. Siempre hemos considerado que el medicamento es un bien social y tenemos la obligación ciudadana de ejercer nuestra profesión para que ningún individuo tenga carencias a nivel sanitario.
Para resolver esa situación empezamos a comprar el principio activo y preparar sellos, una forma farmacéutica que hoy está en desuso. Eran como pequeñas cápsulas planas como hostias que contenían el medicamento. Eran mini cajitas donde podíamos poner 50 mg, y otras más grandes, para 250 mg, para 500 mg. Todavía no existían las cápsulas, así que había que hacerlas a mano.
Y cuál fue nuestra sorpresa cuando un tiempo después esa viejita que estaba retorcida de dolor, pudiendo hacer el tratamiento, empezó a andar cada vez mejor hasta el punto que nos dimos cuenta que en realidad no era una viejita, era una mujer de unos 60 años. ¡Y lo más gracioso es que después se casó y todo! ¡Fue como que resucitó con el tratamiento!”
En el laboratorio también hacíamos tónicos, jarabes y ungüentos a base de las hierbas medicinales de la zona, hacíamos de todo, sobre todo medicamentos para los chicos”.
Evolución
La farmacia tradicional fue transformándose con la incorporación de las nuevas generaciones. “Nuestra hija mayor, Alicia, también estudió Farmacia e hizo la Licenciatura en Industria Bioquímica Farmacéutica y muchos cursos para especializarse en la elaboración de productos cosméticos y de higiene, así que cuando volvió a Paraná, a la farmacia familiar, trajo un bagaje de nuevos principios activos que no conocíamos.
Antiguamente, si uno quería hacer una emulsión, con lo único que contaba era con lanolina. No conocíamos los tensioactivos. Ella trajo la innovación y a partir de eso, luego hicimos una construcción arriba de la farmacia y ella comenzó a dirigir la parte de elaboración de productos cosméticos”.
“Eso vino muy bien cuando en el 2001 vino la otra gran crisis de este país, una crisis brutal. La gente se manejaba con pseudomonedas que en cada provincia tenían distintos nombres. Y bueno, ya para entonces estaba con nosotros mi yerno, César González Medus, el esposo de mi otra hija, Analía. Ambos son abogados, él recién se había recibido y vino a trabajar a la farmacia. Empezó ayudando a hacer el inventario y hoy es el gerente. Cuando falleció mi esposo él se hizo cargo de la parte gerencial de la farmacia”.
Colegio de Farmacéuticos de Entre Ríos
“Mi marido y yo fuimos socios fundadores de la Cooperativa Farmacéutica del Litoral. También participamos activamente en la creación del Colegio. Mi marido siempre participó en la vida institucional activamente. Yo llegué en el año 1959 al Colegio de Entre Ríos.
Soy una gran defensora de las instituciones farmacéuticas porque sin ellas nosotros ya no estaríamos. No hay gobierno que no haya querido destruir a la farmacia profesional y todo lo que ella significa”.
Carrera destacada
Perla Falcón fue autora del códex oficial de Entre Ríos, participó de la actualización de la Farmacopea Argentina y también creó una formación de estudios avanzados que originó la Diplomatura de formulación de medicamentos individualizados para pacientes especiales, neonatología, pediatría, cuidados paliativos y geriatría que dicta actualmente la Universidad Nacional de Rosario.

“Ese programa contiene los contenidos de los talleres de formación continua que hicimos en el Colegio de Farmacéuticos de Entre Ríos. Salieron de las anotaciones diarias de las recetas que preparamos para los pacientes que acuden al mostrador de mi farmacia.
Para crear ese programa me ayudó muchísimo Gustavo Perren en cuanto a las formulaciones y los cálculos, y Silvia Suárez también hizo un aporte muy importante”.

“Hoy nos siguen llegando formulaciones de distintos hospitales de referencia como el Garrahan, el Fernández, el Austral, el Italiano, entre otros.
Ese programa de formación que hicimos fue para que otras farmacias puedan hacerles las preparaciones y no tengan que trasladarse los pacientes muchos kilómetros para poder continuar con sus tratamientos.
El año pasado, con Gustavo, dimos un curso en la Universidad de Córdoba, en la Universidad Nacional de Tucumán y hoy estamos colaborando en la creación del Vademécum Internacional de Medicamentos Pediátricos de la Federación Farmacéutica Internacional (FIP Pediatric Formulations Focus Group).
Sobre su trabajo en la elaboración de formulaciones para pacientes pediátricos, disertará el 9 de octubre en el Congreso Farmacéutico Argentino junto al Farm. Gustavo Perren.
En San Juan Perla Falcón compartirá su experiencia y su visión sobre la preparación magistral: “Las formulaciones magistrales constituyen la esencia de la profesión farmacéutica. En el presente vuelven los medicamentos individualizados a ser los protagonistas de las terapias de nuestros pacientes”.

