Muchos bioquímicos trabajan hoy en sus laboratorios con computadoras en las que observan modelos informáticos de las reacciones químicas más complejas. Eso facilita enormemente su tarea. Todo, gracias a los tres científicos que ayer ganaron el Nobel de Química. Ellos introdujeron la revolución de la computación en la química en la década del 70.
Los tres tienen ciudadanía estadounidense, pero distintos orígenes. Martin Karplus (Austria, 83 años, sobreviviente del Holocausto), Michael Levitt (Sudáfrica, 66) y Arieh Warshel (Israel, 72) crearon programas que descifran procesos químicos como la purificación de gases de combustión o la fotosíntesis. Con esos sistemas, tanto sus colegas en el ámbito académico como en la industria pueden desarrollar mucho más rápido nuevos medicamentos –incluido un cóctel para tratar el VIH/Sida–, catalizadores y celdas solares, entre otras aplicaciones prácticas.
“Los químicos creaban modelos de moléculas recurriendo a bolas de plástico y bastones. Hoy, la modelización se hace por computadora. La fuerza de los métodos que desarrollaron es universal”, destacó la Academia Sueca en su comunicado. Y remarcó que “hoy la computadora es una herramienta tan importante para los químicos como la probeta. Su trabajo es innovador porque lograron hacer que la física clásica de Newton trabajase con la física cuántica, que es fundamentalmente diferente. Antes, los químicos tenían que elegir cuál de ellas usar”. “Estaba en el lugar adecuado en el momento adecuado y quizás tenía algunas buenas ideas”, dijo Levitt desde su casa en California, y recordó que el premio reconocía trabajos que hizo a los 20 años, antes de obtener su doctorado.
“Es agradable ver que se reconoce la biología informática. Se está convirtiendo en un campo muy amplio y siempre había sido la hermana pobretona de la biología experimental”, remarcó.
Hace décadas que los científicos analizan moléculas en la computadora. Con estos modelos, por ejemplo, pueden ver cómo actuaría un medicamento en el organismo. Si bien cada reacción en PC es un modelo que debe ser comprobado, “el método fue confirmado con experimentos”, dijo Udo Heinemann, del Centro Max Delbrück de Medicina Molecular en Berlín.
De la oscuridad del Holocausto a la cumbre de la ciencia
La historia del investigador Martin Karplus, uno de los galardonados ayer con el Nobel de Química, es quizás la más conmovedora. Este investigador judío, que nació en Viena hace 83 años, escapó del Holocausto a Estados Unidos, donde sigue viviendo.
En un extenso artículo publicado en 2006 en una revista científica, Karplus contó que huyó a los ocho años con su familia de Austria, a la llegada de las tropas del Tercer Reich. Relató que en la primavera de 1937 sus compañeros de clase “rechazaron de repente relacionarse con nosotros y empezaron a molestarnos, llamándonos ‘sucios judíos’, mientras que nosotros intentábamos, simplemente, estar con ellos”. En marzo de 1938, cuando llegaron las tropas nazis, su madre consiguió llevarlo a Suiza, mientras su padre era encarcelado en Viena, una situación cuyo recuerdo aún lo hace sentirse “traumatizado”.
La madre de Karplus decidió comprar un pasaje de un transatlántico a Nueva York que debía partir de la ciudad francesa de El Havre, sin tener noticias de su padre. Pero, como en una película, “él apareció milagrosamente en El Havre días antes de la salida prevista de nuestro barco”, contó Karplus, quien recién supo tiempo después que su tío había pagado la fianza para que lo liberaran.
Instalada la familia en Boston, el interés científico de Karplus se reveló cuando le regalaron un microscopio. Fue el principio para un genio de las ciencias, que obtuvo su doctorado en la Universidad de Caltech, California, con sólo 23 años y que ayer ganó el máximo reconocimiento al que un científico puede aspirar.
Fuente: Clarin |