Consultorio farmacéutico en un Centro de Salud Comunitario: Una experiencia innovadora

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A Pablo La Forgia la farmacia del CESAC 42 de la Ciudad de Buenos Aires le permitió desplegar su vocación asistencial: allí logró abrir un consultorio farmacéutico donde los médicos derivan a sus pacientes para todo lo relacionado con el manejo de su medicación. Aplica abordajes innovadores y proactivos para la atención y el seguimiento, en especial de las personas con diabetes. Él mismo convive con Diabetes Tipo I, por lo que, por estar de los dos lados del mostrador tiene una mirada particular. Además, realiza investigación e impulsa proyectos para ampliar sus servicios. También generó un boletín farmacoterapéutico para toda la red de profesionales dentro y fuera del CESAC.

 

 

Especializado en Farmacia Hospitalaria, Pablo La Forgia llegó al Centro de Salud y Acción Comunitaria de la Ciudad de Buenos Aires 42 -en el barrio de Boedo- en 2025, luego de una masiva reducción de personal en el Hospital Laura Bonaparte de Salud Mental y adicciones, donde trabajaba. De allí se llevó un bagaje de experiencia en farmacia clínica que había generado con su grupo de trabajo. Siguió adelante buscando dónde aplicar sus ideas sobre cómo ejercer la profesión.

Atención de la diabetes

“Tengo diabetes tipo 1 desde hace más de 15 años. Empecé aprendiendo sobre el manejo de la enfermedad por mi situación personal y fui aplicando esos conocimientos a mi profesión. Desde hace años formo parte de la Federación Argentina de Diabetes, empezando en la subcomisión juvenil y hoy como protesorero, eso me dio acceso a formación, a herramientas”.

Cuando el año pasado asumió un nuevo director – Dr. Horacio Boggiano – en el CESAC, La Forgia le propuso crear un consultorio farmacéutico.

“La idea era aplicar mi formación como especialista en Farmacia Hospitalaria a mejorar la atención primaria, la calidad de atención en todo el proceso del uso del medicamento, del tratamiento del paciente. Sobre todo, en pacientes con enfermedades crónicas como la diabetes, que son tan ávidos de información y tienen tanta necesidad de acompañamiento.

En la primera reunión que tuvimos al asumir el nuevo director, pidió el currículum a todos para conocernos. Y al ver que había trabajado en un hospital me preguntó: “¿Cómo podrías aplicar esto acá?” Entonces le presenté un proyecto.

Al proyecto lo inicié con una definición de la OMS, que en el año 1993 había dicho que la atención farmacéutica es “el compendio de las actitudes, comportamientos, los compromisos, las inquietudes, los valores éticos, las funciones, los conocimientos, las responsabilidades y las destrezas del farmacéutico en la prestación de la farmacoterapia, con objeto de lograr resultados terapéuticos definidos en la salud y la calidad de vida del paciente”.

Ese concepto de “destrezas” y “actitudes” me pareció sumamente importante. Con destreza y actitud podés llegar muy lejos, depende de vos”.

 

“En el proyecto propuse tener un consultorio y la posibilidad de dedicarle al menos media hora a conversar con el paciente, hacer el seguimiento de los pacientes con enfermedades crónicas para monitorear la adherencia, la efectividad del tratamiento, detectar eventuales reacciones adversas, y obviamente, asesorar y cumplir un rol de educador.

Planteé comenzar con los pacientes con diabetes, que generalmente son polimedicados y porque yo tenía también mi experiencia personal con esta patología.

En ese tiempo de conversación uno va detectando muchas cosas que no solo tienen que ver con el tratamiento farmacológico, sino con cuestiones no farmacológicas como la parte social y psicológica, que está directamente relacionada a la salud.

No es fácil el manejo de una enfermedad crónica. En la vida del paciente con diabetes pueden suceder situaciones que impactan en el tratamiento, por ejemplo, un estado depresivo, ansioso, relaciones vinculares, etc.

Otra cuestión importante es la posibilidad de registrar, por ejemplo, efectos adversos de los medicamentos en la historia clínica e interactuar con el médico tratante.

Uno va sintiendo que va ganando un espacio en el equipo de trabajo con estas intervenciones”.

“Creo que son espacios que podemos generar -y generamos- también en la farmacia comunitaria. Por ejemplo, decirle a un paciente: “Usted empieza el tratamiento con insulina: ¿Le explicaron bien cómo utilizarla, cómo aplicarla? Si quiere, le doy un turno para conversar todas las dudas que tenga sobre sobre su tratamiento para la diabetes”. Me parece que eso se puede hacer. Y, supongamos de llevarlo en una ciudad chica, es posible -y de hecho se da- generar la interacción con el médico para comentarle, por ejemplo: Acá estoy viendo con su paciente que le está costando un poco seguir el tratamiento; darle nuestras observaciones, sugerencias… poder trabajarlo desde ahí”.

“Hoy en el CESAC los médicos me derivan a los pacientes con una notita: ‘sacar turno para consulta en la farmacia’ o me asignan pacientes mediante el gestor de turnos interno. También lo que está sucediendo es que me derivan pacientes que ya tengan más de cinco medicamentos dentro de su tratamiento, no solo los que tienen diabetes, sino en general, para que haga un análisis de ese tratamiento y vea qué está pasando ahí, cómo está diagramado, cómo lo está tomando, si está adherente, y si vemos que hay alguna cuestión, citarlo al paciente y analizar el tratamiento con el médico o los médicos en conjunto.

A partir de ahí lo que me propusieron fue hacer boletines informativos sobre medicación en atención primaria. El primero, fue sobre hipnóticos. Se compartió y tuvo buena repercusión. Tiene dosis, interacciones, todo basado en evidencia, en guías de práctica clínica para que sirva de material de consulta. Sería muy bueno si nos juntáramos otros farmacéuticos de CESAC para generar este tipo de trabajos. El segundo, en cambio, era compartir una línea de trabajo que trasciende la lógica de una obra social en particular y se inscribe en un desafío mayor: cómo integramos la farmacoeconomía clínica, la gestión farmacéutica y la atención primaria de la salud para mejorar el uso racional del medicamento.

Ahora se sumaron otras propuestas que estamos empezando a concretar dentro del consultorio. Una es empezar a trabajar con los pacientes a partir de una charla que dimos sobre insomnio, implementando medidas no farmacológicas, monitoreando el uso de benzodiacepinas, derivarlo a un especialista según lo que necesite. Como también trabajar junto a servicio social para la contención de pacientes de salud mental, siendo parte del acompañamiento y nexo con los profesionales de ese paciente. Ese trabajo interdisciplinario es sensacional. Los médicos quieren que los farmacéuticos estemos presentes, que debatamos, que conversemos, que eduquemos”.

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